viernes, 9 de enero de 2009

Artículo: "Celos por la llegada de un nuevo hermanito".


A menudo y sobre todo en la etapa infantil nos encontramos con situaciones en las que la llegada de un nuevo hermanito da lugar a celos y rechazo por parte de hermano o hermana mayor.

La causa de estos celos es el miedo a perder el cariño y la atención que se tenía hasta entonces por parte de los padres fundamentalmente. Se provoca así un sentimiento de envidia hacia el nuevo miembro de la familia.

Según los expertos, entre los 3 y los 6 años es la etapa más crítica para que surjan celos y rivalidades con la llegada de un nuevo hermano.

¿Cómo suelen manifestarse los celos? Los síntomas pueden ser muy variados:
o Somatización en trastornos de tipo físico: falta de apetito, incontinencia urinaria, dolor de “tripa” y otras dolencias que pueden ser inventadas por el niño.
o Regresión a etapas anteriores del desarrollo: comportarse como un bebé, utilizar objetos propios del nuevo hermano…
o Trastornos de tipo emocional: agresividad, rabietas, falta de concentración, desobediencia, cambios de humor, lloros…

Para evitar o al menos paliar en cierta medida estos síntomas podemos seguir una serie de medidas:

o Hacer partícipes al hermano mayor de los preparativos para el nuevo hermanito: comprar ropa, muebles, preparar la habitación. Cuando haya nacido puede ayudar en su cuidado: avisarnos si llora, ayudar a bañarle, colaborar en la preparación de su comida…
o Dialogar con el hermano mayor a cerca de la nueva situación y hacerle entender que no por la llegada del bebé se le querrá menos.
o Elogiar sus logros y reforzar su autoestima.
o Dedicar un tiempo al día en exclusiva al hermano mayor de forma que compruebe que el tiempo no se dedica en exclusiva al bebé, sino que a veces se deja al bebé para dedicarle tiempo a él.
o Realizar actividades que involucren a todos los miembros de la familia.
o Posibilitar que pase tiempo jugando con niños de su edad.

Si bien este es un tema que preocupa a menudo a los padres, se plantea también que el periodo de celos por este motivo es algo normal en el desarrollo infantil, siendo incluso necesario y beneficioso para su maduración.

viernes, 31 de octubre de 2008

¿Quién fue San José de Calasanz?


A menudo cuando llegan estas fechas, se oye a los niños decir: “-¡…el 27 no hay colegio porque es el día de los maestros!-”.

Lo que posiblemente no sepan es que lo que realmente se celebra el 27 de noviembre todos los años es la festividad de San José de Calasanz, patrón de los maestros de educación infantil y primaria.(Este año la festividad se traslada al día 28)

En el Colegio Ricardo Codorníu nos hemos propuesto dar a conocer la figura y la obra del personaje que creó la primera escuela considerada pública y gratuita.

Por ello, desde la web os dejamos este enlace en el que podéis saber más de su vida y su obra:


martes, 14 de octubre de 2008

Artículo: "Los piojos, prevención y tratamiento."


Los piojos son insectos que viven exclusivamente en el ser humano. Si bien se diferencian 3 tipos de piojos, dependiendo de la parte del cuerpo en la que viven, nos centraremos en el piojo de la cabeza (pediculus capiti).

El piojo de la cabeza es un insecto que vive entre los cabellos. Mide entre 2 y 4 mm de longitud, es de color grisáceo y no tiene alas. Se alimenta de sangre que chupa de la piel de la cabeza cuando pica a las personas. Se reproduce rápidamente; cada hembra pone de cien a trescientos huevos, llamados liendres, que son de color blanco y están fuertemente adheridos a la base del cabello. Hacen falta de 7 a 10 días para que se incube el huevo y se desarrolle la larva.

Cuando se produce infestación producida por los piojos hablamos de pediculosis. El síntoma principal es el picor del cuero cabelludo, ocasionado por la irritación de la saliva que el insecto deposita en la pequeña herida de la picadura. La irritación puede ser tan intensa que, al rascarse, se pueden producir rasguños en la piel e infecciones bacterianas. La pediculosis es corriente en escolares, sea cual sea su nivel social.

La forma de transmisión más corriente de los piojos es el contagio directo. Aunque también se puede transmitir por el uso compartido de cepillos, peines, gorras y bufandas, por tanto es necesario mantener medidas higiénicas adecuadas:

1. Revisar la cabeza de los niños, sobre todo detrás de las orejas, en la nuca y en el flequillo.
2. Lavarles con frecuencia el pelo: dos o tres veces por semana.
3. Peinarles diariamente el pelo con un peine “lendrero” que podemos adquirir en farmacias.
4. Limpiar los peines y los cepillos a menudo.
5. Evitar compartir los útiles de limpieza personal.
6. Recordar que las aplicaciones inadecuadas pueden favorecer la creación de resistencias.

Cuando el niño se rasca insistentemente o bien la escuela avisa de la presencia de piojos, podemos comprobar su infestación. Si se inspecciona el cuero cabelludo buscándolos, a pesar del pequeño tamaño de los piojos (2-4 mm), es fácil encontrarlos; el aspecto de caspa que tienen los huevos, sobre todo detrás de las orejas, en la nuca o en el flequillo, también es fácil de apreciar.
Si parece que hay piojos, el mejor método para comprobarlo es cepillar el pelo o pasar un peine lendrero sobre un papel blanco. Los huevos o liendres caerán sobre el papel y se verán pequeños puntos blancos. Si comprobamos la presencia de huevos muy probablemente habrá piojos.

Nada más tener constancia de la infección, hay que seguir unas pautas de actuación.

1. Hay que comunicarlo a las personas que conviven con el infestado o tienen contacto con él. Por tanto, hay que comunicarlo a la escuela y en lo posible permanecer en casa para evitar contagios a otros niños y posibles epidemias en el centro.
2. Se tienen que desinfectar la ropa y las sábanas, los peines y cepillos, los juguetes y las alfombras y tapizados.
Ropa y sábanas: lavar en agua caliente al menos 20 minutos
Ropa que no se puede lavar: limpiar en seco o aplicar insecticida químico en polvo.
Peines y cepillos: lavar a mínimo 55ºC durante 5-10 min o sumergirlos 30 minutos en solución contra piojos.
Juguetes (sobre todo los de trapo): Lavar como mínimo a 55ºC durante 5-10 minutos o sellarlos en una bolsa de plástico hermética durante 2 semanas.
Limpiar los suelos, alfombras y tapizados de la habitación.

El tratamiento es sólo para después de una infestación. Nunca para una prevención. Una vez producida la infestación, es necesario:
Adquirir en una farmacia una loción antiparasitaria a base de piretrinas. Hay que seguir estrictamente las instrucciones de los diferentes productos comercializados.
Mojar el cabello seco con la loción. No escatimarla en la zona de detrás de las orejas y en la nuca.
Después del tiempo mencionado en las instrucciones del producto, lavar la cabeza con champú.
Aclarar la cabeza con agua y vinagre (la proporción es de un parte de vinagre por dos de agua).
Quitar las liendres (huevos) con la mano o con la ayuda de un peine lendrero.
El tratamiento se tiene que repetir 10 días más tarde y 20 días después, por seguridad.

Es importante que, en las escuelas, todos los alumnos parasitados sean tratados simultáneamente, ya que se pueden producir contagios entre niños afectados todavía no tratados y niños ya tratados. Los familiares afectados se tratarán también al mismo tiempo, porque podrían contagiar a los niños sanos y diseminar los piojos en la escuela.

jueves, 2 de octubre de 2008

Artículo: “Mi hijo se niega a comer”

Con motivo de la puesta en marcha del comedor escolar, hemos considerado oportuno publicar un artículo relacionado con la alimentación infantil y más concretamente con la inapetencia por determinados alimentos que suelen presentar los niños.

Es habitual que algunos niños que se nieguen en rotundo a comer determinados alimentos, y esto suele ser una preocupación entre los padres. Es un desafío diario hacer que el niño pruebe nuevos alimentos.

Harriet Worobey, especialista en nutrición infantil sostiene la teoría de que el rechazo del niño a probar nuevos alimentos es una característica normal del su desarrollo y muchos padres abandonan el intento de hacer que su hijo pruebe nuevos alimentos.

Worobey, señala los errores más comunes que se cometen en la alimentación de estos niños y propone una serie de estrategias pueden ayudar a los niños a comenzar a consumir una dieta más variada:

Muchos padres no quieren a los niños dentro de la cocina mientras se prepara la cena. Sin embargo, los estudios sugieren que la participación de una forma segura de los niños en la preparación de la comida es el primer paso para que prueben nuevos alimentos. Investigadores de la Universidad de Columbia encontraron que los niños que preparaban sus propios alimentos tenían más probabilidades de probar nuevos sabores. Animarlos a ayudar en la cocina, presentándoles una variedad de alimentos sanos para prepararlos es una buena idea para que se atrevan a comer aquello que han preparado.

Presionar al niño a dar un bocado, parece razonable, pero es probable que sea contraproducente. Los estudios demuestran que los niños reaccionan negativamente cuando los padres les presionan para comer, incluso aún cuando ofrecen recompensas. Expertos de la Universidad de Pennsylvania ofrecieron en un estudio pegatinas y horas de televisión si los niños comían verduras y leche, más adelante estos expresaron aversión por los alimentos por los cuales habían sido recompensados.

El mejor enfoque es poner la comida en la mesa y alentar al niño a intentarlo, sin presión y sin reproches cuando no come y reforzando positivamente si lo prueba, tratando de parecer natural.

Otro error que se comete está relacionado con la restricción de alimentos. Los padres ponen fuera de la vista o en una estantería alta, aquellos alimentos que les restringen a los hijos. Los especialistas afirman que si se restringe un alimento, el niño querrá más.

Un fallo común en la alimentación se presenta en los parientes que están tratando de perder peso. Los papás sometidos a una dieta deben ser conscientes de cómo esto puede influir en las percepciones acerca de los alimentos y comer sano por parte de los hijos.
Un informe de 2005 en la revista Psicología de la Salud encontró que las madres que estaban preocupadas con su peso restringían más los alimentos para sus hijos y los alentaban a perder peso. La exposición de niños pequeños a la irregularidad de los hábitos de dieta es un alto riesgo para el desarrollo de trastornos de alimentación o una vida de dieta crónica.

Los niños suelen rechazar las verduras, en parte porque muy a menudo se sirven al vapor y no es de extrañar que se muestren reacios a comerlas. Los nutricionistas dicen que se deben “vestir” las verduras. Añadir un poco de mantequilla, queso, nata o azúcar moreno a un plato de verduras puede mejorar la apreciación de ellas por parte del pequeño. Las pocas calorías que se le añaden de esta manera, valen la pena frente a la desventaja nutricional de no comerlas, además da la oportunidad de introducir al niño a los sabores vegetales.

Renunciar demasiado pronto es también un error. Si bien puede rechazar un alimento hoy, mañana puede comerlo. Las preferencias cambian a menudo. Por lo tanto, los padres deben mantener la preparación de alimentos variados y saludables y ponerlos en la mesa a pesar de que los hijos se nieguen a probarlos. En niños pequeños se necesitan 10 o más intentos durante varios meses para introducir nuevos sabores.

Susan B. Roberts, una nutricionista de Tufts University, sugiere una “regla de 15″; poner una comida en la mesa por lo menos 15 veces para ver si el niño la acepta. Una vez que un alimento es aceptado, los padres deben utilizar “puentes de alimentos”, es decir, buscar colores o sabores parecidos para ampliar la variedad de los alimentos que un niño va a comer. Si un niño le gusta el puré de calabaza, por ejemplo, intentar puré de batatas y, a continuación, puré de zanahorias. Si a un niño le gusta el maíz, intentar mezclar con guisantes o zanahorias.

Atrículo Vía Bebesymas.com
Foto vía: mikinder.blogspot.com